martes, 5 de abril de 2011

Estampa de una Coincidencia

Hace algunos días y aprovechando la tregua que conseguí negociando con el tiempo de mi familia y con el de mi trabajo visite un pequeño “cafecito” al cual por cierto nunca antes había visitado, me hice acompañar del primer libro que encontré, pretendía acercarme de nuevo a la lectura (después de haber sido bombardeado tres días seguidos por una campaña en donde se argumentaba que leíamos ridículamente poco), a Khalil Gibrán el loco veía cuando amablemente se me acerca una jovencita muy atenta y me invita del menú de aquel lugar, atrapado por el aroma a café recién tostado decido acompañar mi estancia solamente con un café americano como el pecado (negro y sin azúcar), así pues me acomodé en el sillón tejido en fibra de mimbre a esperar la exquisita nota amarga que acompañaría mi lectura.
No apenas me acomodo y habiendo examinado la portada exótica del libro, llega de nuevo la jovencita a entregar mi pedido, le doy un sorbo, es tal cual lo esperaba no hay queja… de pronto a lo lejos y sobresaliendo al barullo cotidiano en los restaurantes una plática me llama la atención
_ _ _ _ _  
Dos amigos se encontraban en un dialogo por demás elocuente relacionado a sus respectivas empresas; discutían ampliamente de la manera en la que NO les había funcionado su negocio.
El primero de ellos (por cierto bien vestido), en su lista preliminar argumentaba desde la excesiva carga fiscal, el robo hormiga, la deslealtad de los clientes e incluso la situación económica de su país.
El otro (más bien vestido para la faena),  coincidía y enriquecía las razones, argumentando la inseguridad o hasta el clima imperante que no beneficiaba la venta de sus productos
Me resulto interesante escuchar como ambos estaban esmerados en acusar a terceras razones por sus ineficiencias, y por más que puse atención me fue imposible encontrar en sus argumentos algo que fuera comentado en “primera persona del singular”
Pienso que a lo largo de algunos años en que he tenido la oportunidad de transitar por el sinuoso camino de la administración de pequeñas empresas, he podido comprobar que con frecuencia la razón para que una empresa no avance, lo haga lentamente o fracase, es precisamente “la primera persona del singular”. Los dueños Ignoran por completo las ventajas que tienen, no son capaces de aplicar dinámicas administrativas que les permitan capitalizar sus esfuerzos e incluso en ocasiones no pueden identificar entre su patrimonio y el desempeño de su negocio, lo que a futuro los condena al fracaso.
_ _ _ _ _
Sucede que ya casi es hora de retirarme, pido mi cuenta, doy el último sorbo a mi café (que ya se enfrío), se acerca la joven quien me entrega mi ticket me agradece la visita y me pide que regrese si es que me ha gustado el lugar.
Por supuesto que me gusto, y pretendo regresar siempre y cuando sigan bien las negociaciones entre el tiempo del trabajo y el de mi familia,,,  una disculpa a Khalil no pude pasar de la portada.
   Nery ESM  

No hay comentarios:

Publicar un comentario